Somos muchos los noctámbulos que transitamos las oscuras horas de la noche y la madrugada. Serenos de empresas, guardias hospitalarias, personas que cuidan enfermos en sus casas, insomnes que hacen crucigramas o leen en la cama esperando conciliar el sueño.
El café o el té se hacen presentes, en algunos casos contradictoriamente; y cada tanto, un cigarrillo que nos haga compañía en nuestra meditación.
La memoria de los seres humanos está llena de luces y sombras pero no sabemos por qué insólita e indómita razón, siempre, las que llegan primero son las sombras.
Aquellas que nos reflotan amores frustrados, temores, desengaños, guerras perdidas, seres queridos ( y no tanto) que ya no están. Dolores del alma que se han convertido en cicatrices calientes que ya no podremos reparar y con las que hemos aprendido a convivir o, en último caso, tendremos que aprender a hacerlo.
Y el tan anhelado sueño que no llega!!
Es como caminar por las calles de un pueblo en penumbras; a tu alrededor las sombras se proyectan en el asfalto envolviendo tu existencia. Las ramas de los plátanos te abrazan; y no logras discernir si es para protegerte o para asfixiarte. Y te vas adentrando en la oscuridad más profunda.
Las sombras de la duda hacen presa de tu pensamiento. "Si yo hubiera dicho", "Si yo hubiera hecho esto o aquello", Si no lo hubiera dicho", "Si no hubiera hecho esto o aquello"; y surgen las preguntas como bultos en agujeros negros y refugios. ¿ Cómo hubiera sido si...; ? ¿ cómo hubiera reaccionado si...?; y se van hilando unas con otras. Preguntas habrá miles, respuestas pocas o ninguna con certeza.
Sombras que dejaron su trazo en el recuerdo, amigos ocasionales de rostros que nunca vimos; personas y personajes de los que sólo retuvimos el sonido de alguna palabra, un aroma, una exhortación; siluetas negras que entraban y salían de nuestras vidas sin otra consistencia que una voz, el roce de una ropa, el ruido de pasos, la risa, el llanto. Siluetas y voces anónimas ( y no tan anónimas) que se mueven en nuestra oscuridad, y las horas corren riéndose porque las oscuras visitantes no nos dejan en paz.
Ni siquiera la luna llena logra ayudarnos con su claridad.
Sólo nos queda dejar que el reloj avance y el sol del amancer nos preste un poco de su tenue luz, y esperar, que en la próxima noche salgan a flote las luces que nos arranquen una sonrisa, y con ella poder resucitar los buenos días, los halagos, un gracias, UN TE QUIERO.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
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Excelente.
ResponderEliminarMe encantó tu escrito. Verdadero y directo.
Me gustó tu forma clara y descriptica de expresar tus ideas. Sigue siempre así :)
Un beso!
Andro.*.
FUERTE. Estamos frente a una pérdida?
ResponderEliminarANDROMEDA: GRACIAS POR TUS ELOGIOS. ES UNA GRATA SORPRESA TU COMENTARIO EN MI BLOG.BESOTES.
ResponderEliminarMARU: LAS PERDIDAS SON DE SIEMPRE Y PARA SIEMPRE;NO TIENEN TIEMPO, EPOCA O ERA, Y POCAS VECES SE RECUPERA ALGO DE LO PERDIDO. PERO EN TODO CASO, SE HABLA DE LO QUE SE TIENE Y LO QUE NO SE TIENE; MATERIAL E INMATERIAL.DE LAS PERDIDAS QUE FUERON Y LAS QUE SERAN.BESOS MIL!!
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